Hay hielo en los puertos y los cuerpos, y en el borde del agua y la tierra. Algo ruge lejos. Debe ser el interior. No sé cuándo me di vuelta y hacia afuera quedaron las venas, intestinos y otros tubos. Respiro por la superficie de los pulmones. Exhalo digestiones y otros flujos. No sé qué hacer con las uñas que tintinean adentro, entre capas de piel y pelos. Aturde todo seco. Tampoco con los huesos repartidos entre otros, entre niños y entre monos, que ya no estarán juntos. Nunca más. Como yo no seré la que he sido. Jamás. Ni esqueleto ni estructura. Soy rojo tiñendo los hielos en el borde del agua y los puertos. Flotan cuerpos. Entre muertos, una abuela se abre camino en una balsa por el río. Recoge miembros perdidos que apila en su embarcación y limpia el rocío que quedó de las partes blandas pulverizadas. Siempre igual. La navegante del pantano nunca deja de cantar esa canción. Algo distinto tendrá que hacer esta vez para que brote lo nuevo al ritmo de su tambor.

A.

Advertisements