Qué se yo por qué renazco. Puede ser por la estación o por el sol que insiste en volver cada día. Hay algo en los ojos de los hijos a la mañana, que traen sabiduría de las estrellas. Hay un comienzo en cada inspiración, al sacar la basura, y especialmente cuando lustro la pava. Algo nuevo empieza. Como cuando paso a usar los libros como bloques y los ordeno por color y tamaño, ya no por autor o tema. Paso un trapo al estante y me vuelvo a encontrar con una carta que ya había vuelto a esconder, y vuelvo a no leer porque sé dónde me vuelve a llevar. Está escrita con mi letra. ¿Cuantas veces estuve en ese lugar? Tantas como las muertes necesarias y los sorprendentes nacimientos que cuento. Ya morí cuando nací – le conté a mi madre cuando pude hablar. Ya morí en la ultima espiración. Ahora solo siento el dolor de los huesos brotando en la tierra, o quizás sea el vacío hasta la próxima inhalación o una flor naciéndome del polvo acumulado en cada ángulo. Así que cuándo renazca, que se yo. Lo sabré cuando mi cuerpo, mi casa, la mugre, los libros, la luna, o el peso del día en los ojos de los hijos me pidan volver a morir. O a dormir. O poner un lavarropas. O un suspiro.

A.

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