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ROJOTIERRA

son los pasos de mujer cuando la sangre baja a los pies y se hace amor de las raíces por el agua

Month

October 2016

tucumán II

Cuando el cuerpo viaja más rápido que el alma, algo se queda atrás. Así sea que en el cielo, el viaje se sienta liviano y reparador como un paseo por las nubes. Aunque la visión de la tierra deje saberes secretos escondidos en el alma. Si el cuerpo viaja más rápido, ella no estará ahí para impresionarse. Algo se pierde. Ni siquiera cuando los ojos de un extraño nos supliquen un gesto de conexión o contención. Lo siento, señor, la empatía no viaja conmigo. Y peor todavía es cuando el alma viene llegando y los hijos piden leche, besos, alimento al cuerpo que ya está con ellos. Y algo falta. Porque cuando el cuerpo viaja más rápido que el alma, repito, hay algo, puede ser el alma misma o el espíritu, que se pierde en el camino.

despacio

tucumán I

Ella es un fantasma que anda por los cielos tucumanos a la madrugada. Todo lo que no esté durmiendo a las tres de la mañana lo es. A pesar de que fue unas veinticinco veces, no conoce Tucumán. Para una azafata el destino es sinónimo de comprar empanadas con descuento en el aeropuerto y aguantar el olor a cloaca que emanan los ingenios azucareros de la zona, que cubren los cielos de niebla, mientras bajan y suben unas doscientas personas del avión. Lo bueno de ese vuelo es que a una señora se le había muerto el marido en Buenos Aires, así que viajaba, por primera vez, desde Tucumán para el velorio. Se descompuso en el camino por toda la situación, así que hubo que atenderla. La mujer tenía la cara como la tierra seca y los ojos más ausentes que habia visto. La mirada del que no desea nada más. Fue bueno porque pudo cuidarla, acariciarla, y en ese gesto sentir la muerte en la mano, como un hormigueo frío que quita la sensibilidad y se pierde. Eso le dio más vida que todas las cocacolas sonreídas desde el principio de los tiempos. Pequeños instantes de conexión con el otro, lo otro, lo que sea que hay ahí, así fuera la naturaleza de la muerte, que es más fuerte que toda la destrucción junta.

te

Quien quiera que seas, te extraño. Pelo desconocido, piel ajena, nuevo aliento. Quiero lo que no se y no veo.

la

Una mano que baila sobre otra por los caminos de huesos y venas, protuberan. Avanza llevada por la muñeca y la vestimenta no la frena. Ella piensa que de pensar no es momento. Le vienen los flashes de arena entre los dedos, entre los pelos. Arena que se escurre llevada por el viento y chisporrotea en el fuego. Chispas al alba, ahí nomás, cerca de la espuma y la sal que se acumula en la orilla. El oleaje acompaña los tambores. Quiere mirar si alguien más percibe el movimiento de su cadera. Pero la empuja la de atrás si lo interrumpe. Se desbalancea si frena. El pulso se acelera y anticipa una prueba para sus pies, como si fueran ajenos, movidos por olas invisibles, irresistibles. Marioneta de los tambores, da pasos rítmicos y elásticos mientras la luz descubre la bruma, la espuma ahora brilla, cristales de sal en el vello. Son rojos los pasos que llegan al mar, de brasas, de sangre que baja y se disuelve, al fin, en el agua salada.

qué

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“esa mujer ¿por qué grita?
andá a saber
mirá que flores bonitas
¿por qué grita?
jacintos margaritas
¿por qué?
¿por qué qué?
¿por qué grita esa mujer?”

Se te ve bien me dijiste. 

Serán mis flores, pienso. 

en rojo

​Tanto mirarte, extraño,  para después ni acordarme de vos. Te miré sin verte. Recorrí tus líneas que no existen,  unas líneas que yo inventé. Ese límite entre dos partes tuyas,  ese borde donde termina tu ojo y empieza tu cachete,  donde dejo de ver tu camisa y empieza tu cuello. Me quedó tu dibujo que ni sé cuánto se parece a vos. Mi mano fue fiel al ojo,  no a vos. Quizás sólo le importaron tus bordes. Sólo el vacío entre tu camisa y tu cuello,  entre vos y ese otro pasajero,  entre vos y yo.

C. 

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