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ROJOTIERRA

son los pasos de mujer cuando la sangre baja a los pies y se hace amor de las raíces por el agua

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December 2016

profesores I

No se de qué habla una escritora cuando dice que crear no es imaginación, es poseer la realidad. En la facultad, una profesora de literatura habló de ese texto, y después se refirió a la frivolidad grasosa con que esa misma escritora llenaba una página hablando de la belleza de un florero. Y a mi me conmovió. No tanto lo que decía, sino esa mujer diminuta  y movilizada por una flor escrita que era mi profesora. Yo la admiraba porque venía a dar clases sin corpiño y con una línea marrón dibujada sobre los ojos. Pasaba horas – toda su clase – tratando de descifrar qué expresión habría querido darse ese día con el maquillaje, lo que resultaba una estrategia perfecta para distraer a los alumnos del detalle de la ausencia de corpiño. Porque no era yo la única que notaba que de su cuerpo cilíndrico y corto protuberaban brazos y apenas pezones que, arriesgo, eran de madre. Todos seguíamos las líneas imaginarias que éstos trazaban con cada movimiento, mientras desplegaba un abanico de posiciones sobre el escritorio, de incomodidad obvia para una lectura y una clase poblada de universitarios. Era alegre y no podia esconder el gozo que le daban las cosas ridículamente intelectuales. Años más tarde la encontré tomando café. Me invitó a sentarme con ella. Charlamos con fluidez sorpresiva. Noté que la línea sobre sus ojos había cambiado de color; ahora era azul. Y que yo había pasado toda la hora queriendo integrar esa línea con su cara, buscando una armonía que no iba a llegar. En un momento en que la charla abrió alguna puerta escondida, yo no aguanté más. Pedí permiso y estiré el brazo para tratar de borrar la línea azul con el dedo. Ella agradeció con alivio y docilidad. Yo terminé mostrándole que mis pezones, como los de ella, eran de madre. Compartimos también otras huellas de los hijos en el cuerpo y tantas lecturas, de ahí en más. Al fin entendía lo que es poseer la realidad, otra, distinta, necesaria.

dónde

No sé dónde se guardan los secretos. O en que lugar expresar un impulso incontenible de correr desaforada, desvestida, despeinada. Tampoco dónde queda el campo verde de espigas y pajas y pastos altos donde revolcarme al fin. Dicen que el universo contiene bosques donde acechan fuerzas sobtenaturales. Y también que existen lugares por los que corren caballos montados en pelo por mujeres de crines largas. Hay rincones donde conjurar hadas y hasta cuevas donde habitan bestias que se alimentan de la ira. ¿Y las montañas que se escalan con la promesa de saberes iniciáticos? ¿Y la choza donde beber la sangre tibia de animales recién nacidos y ser bruta, sucia y maleducada?  ¿Y los caminos que muestran las estrellas? No veo, no llego, no encuentro ninguno de estos lugares en el mundo que vivo, así que concluyo, naturalmente: estoy perdida.

la nube

​Ya no le escribo porque hacerlo me recuerda todo lo que no hago que digo que quiero. Tuve un pensamiento en el aire, de los que habitan por arriba de las nubes. Es que espero que no se muera, que todavía no escribí un libro para regalarle esta navidad. Qué egoísta de mi parte mantenerlo vivo hasta que yo me case conmigo y broten trazos o palabras como hoy brota leche de mi pecho. Ya dije esto una vez. Por ahora solo soy la novia infiel a la promesa de buscar la verdad. La verdad, cuando se mira hacia arriba, se ven nubes, pájaros y misterios como este pensamiento.

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