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ROJOTIERRA

son los pasos de mujer cuando la sangre baja a los pies y se hace amor de las raíces por el agua

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agua

3/10

hay piedras en el río. un cauce desviado. una curva cerrada, un árbol en la orilla. mis dedos flotan en el aire. se mueven por caminos invisibles que van en una dirección pero no en otra. hay intenciones, correspondencias, conclusiones. flores secas en los aviones. un sueño, una palabra olvidada en medio de la noche. por algo una estrella llama mi atención y las hojas de la acacia no dejan de llover sobre mis manos. oro escurre entre los dedos. la pregunta en presente. ¿cuántos años hace que siento? dudo. miro al cielo. llevo raíces  y cicatrices. ¿a quién pertenezco? por algo el corazón late más fuerte. por algo, también, cayó esa última gota y el océano rebalsó justo a tiempo.

regando el tiempo con tu recuerdo

 

duermen

La noche respira, sopla

extática a mi oído.

Con los hijos dormidos, en su cueva

la serpiente; quieto el paraíso.

Sumerjo los platos en un baño de espuma.

Rebalsa. La grasa, mi cintura,

se disuelve en detergente.

Piso el charco que brotó de un suspiro.

Ahora seco

con mi ropa, ya en el piso.

Le sonrío,

apretando los dientes mientras me toma por la espalda y

aliviada

se lo digo.

Bienvenida soledad.

A.

vuelo

Llueve. Me mojo. Corro agitada. Por la edad de hierro, por el barro. Huyo de los perros y los hombres. Una gota se detiene ante mis ojos y los veo en el reflejo: vienen a caballo. La velocidad excita la antorcha de los captores como el agua alimenta mis pasos y hace harapos en mi vestido paisano. Más rápido. Escapo del brillo del hacha y del grito de un orco. Del poder, del bruto, de la regla que sirve de vara. Me ladran y corro del fuego con que quieren abrazarme, hasta que el bosque se vuelve prado, y el prado acantilado. Ante el fin corro más fuerte y salto. La sangre de mis pies me une a la tierra un último instante. Ahora libre. Sólo yo sé dónde caigo.

A.

Madreselva

invierno

Hay hielo en los puertos y los cuerpos, y en el borde del agua y la tierra. Algo ruge lejos. Debe ser el interior. No sé cuándo me di vuelta y hacia afuera quedaron las venas, intestinos y otros tubos. Respiro por la superficie de los pulmones. Exhalo digestiones y otros flujos. No sé qué hacer con las uñas que tintinean adentro, entre capas de piel y pelos. Aturde todo seco. Tampoco con los huesos repartidos entre otros, entre niños y entre monos, que ya no estarán juntos. Nunca más. Como yo no seré la que he sido. Jamás. Ni esqueleto ni estructura. Soy rojo tiñendo los hielos en el borde del agua y los puertos. Flotan cuerpos. Entre muertos, una abuela se abre camino en una balsa por el río. Recoge miembros perdidos que apila en su embarcación y limpia el rocío que quedó de las partes blandas pulverizadas. Siempre igual. La navegante del pantano nunca deja de cantar esa canción. Algo distinto tendrá que hacer esta vez para que brote lo nuevo al ritmo de su tambor.

A.

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