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ROJOTIERRA

son los pasos de mujer cuando la sangre baja a los pies y se hace amor de las raíces por el agua

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extraño

​Tanto mirarte, extraño,  para después ni acordarme de vos. Te miré sin verte. Recorrí tus líneas que no existen,  unas líneas que yo inventé. Ese límite entre dos partes tuyas,  ese borde donde termina tu ojo y empieza tu cachete,  donde dejo de ver tu camisa y empieza tu cuello. Me quedó tu dibujo que ni sé cuánto se parece a vos. Mi mano fue fiel al ojo,  no a vos. Quizás sólo le importaron tus bordes. Sólo el vacío entre tu camisa y tu cuello,  entre vos y ese otro pasajero,  entre vos y yo.

C. 

qué decir

Lo digo. No sé qué decir. Tu aliento debe ser suave. Espero que tu pis sea claro. No te veo arrugas, supongo que fueron todas juntas a otra parte. Tu pelo debe estar más lacio que un día común y la boca tan finita, que ni te deja hablar. Tenés cara de perro, de tener uno. Un perro y hasta diría que te inspira una tortuga. Me pregunto si los alimentás. Si le cortás verdura a la tortuga, eso hablaría bien de vos. Comés lechuga que ayuda a que el pis sea claro. Porque si fuera muy oscuro no podría soportar el olor a macho y ni hablar de compartir un baño con vos. Y que descubras dónde se aplican mis cremas, los libros que me ayudan, que me huelas el jabón. Eso sería terrible, mirá si te desagrada y salís del baño enfurecido pero no decís nada. Como ahora. Y te vas. ¿En ésta bajás? Una lástima, desconocido, si tan sólo me hubieras dicho no sé qué decir.

A.

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