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ROJOTIERRA

son los pasos de mujer cuando la sangre baja a los pies y se hace amor de las raíces por el agua

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hijos

tucumán II

Cuando el cuerpo viaja más rápido que el alma, algo se queda atrás. Así sea que en el cielo, el viaje se sienta liviano y reparador como un paseo por las nubes. Aunque la visión de la tierra deje saberes secretos escondidos en el alma. Si el cuerpo viaja más rápido, ella no estará ahí para impresionarse. Algo se pierde. Ni siquiera cuando los ojos de un extraño nos supliquen un gesto de conexión o contención. Lo siento, señor, la empatía no viaja conmigo. Y peor todavía es cuando el alma viene llegando y los hijos piden leche, besos, alimento al cuerpo que ya está con ellos. Y algo falta. Porque cuando el cuerpo viaja más rápido que el alma, repito, hay algo, puede ser el alma misma o el espíritu, que se pierde en el camino.

despacio

duermen

La noche respira, sopla

extática a mi oído.

Con los hijos dormidos, en su cueva

la serpiente; quieto el paraíso.

Sumerjo los platos en un baño de espuma.

Rebalsa. La grasa, mi cintura,

se disuelve en detergente.

Piso el charco que brotó de un suspiro.

Ahora seco

con mi ropa, ya en el piso.

Le sonrío,

apretando los dientes mientras me toma por la espalda y

aliviada

se lo digo.

Bienvenida soledad.

A.

círculo 

Qué se yo por qué renazco. Puede ser por la estación o por el sol que insiste en volver cada día. Hay algo en los ojos de los hijos a la mañana, que traen sabiduría de las estrellas. Hay un comienzo en cada inspiración, al sacar la basura, y especialmente cuando lustro la pava. Algo nuevo empieza. Como cuando paso a usar los libros como bloques y los ordeno por color y tamaño, ya no por autor o tema. Paso un trapo al estante y me vuelvo a encontrar con una carta que ya había vuelto a esconder, y vuelvo a no leer porque sé dónde me vuelve a llevar. Está escrita con mi letra. ¿Cuantas veces estuve en ese lugar? Tantas como las muertes necesarias y los sorprendentes nacimientos que cuento. Ya morí cuando nací – le conté a mi madre cuando pude hablar. Ya morí en la ultima espiración. Ahora solo siento el dolor de los huesos brotando en la tierra, o quizás sea el vacío hasta la próxima inhalación o una flor naciéndome del polvo acumulado en cada ángulo. Así que cuándo renazca, que se yo. Lo sabré cuando mi cuerpo, mi casa, la mugre, los libros, la luna, o el peso del día en los ojos de los hijos me pidan volver a morir. O a dormir. O poner un lavarropas. O un suspiro.

A.

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Me siento dulce a sus oídos, así que espero conmoverlo. Contarle que como la Tierra tiene jardines en la superficie, así mismo me vería un hijo desde adentro. Animarlo a que respire de mi paraíso y siembre campos enteros, para al fin caer rendido bajo los arboles que hago crecer para su descanso. Espero que me mire cuando le muestre una foto de mi útero por dentro, y finalmente yacer juntos escuchando el viento que lleva las semillas, en silencio.

A.

hoy

Chupar la sabia del presente
Ser madre
Habitar la selva
Ser néctar de todos los días
Ser madreselva

A.

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