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ROJOTIERRA

son los pasos de mujer cuando la sangre baja a los pies y se hace amor de las raíces por el agua

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mujer

profesores I

No se de qué habla una escritora cuando dice que crear no es imaginación, es poseer la realidad. En la facultad, una profesora de literatura habló de ese texto, y después se refirió a la frivolidad grasosa con que esa misma escritora llenaba una página hablando de la belleza de un florero. Y a mi me conmovió. No tanto lo que decía, sino esa mujer diminuta  y movilizada por una flor escrita que era mi profesora. Yo la admiraba porque venía a dar clases sin corpiño y con una línea marrón dibujada sobre los ojos. Pasaba horas – toda su clase – tratando de descifrar qué expresión habría querido darse ese día con el maquillaje, lo que resultaba una estrategia perfecta para distraer a los alumnos del detalle de la ausencia de corpiño. Porque no era yo la única que notaba que de su cuerpo cilíndrico y corto protuberaban brazos y apenas pezones que, arriesgo, eran de madre. Todos seguíamos las líneas imaginarias que éstos trazaban con cada movimiento, mientras desplegaba un abanico de posiciones sobre el escritorio, de incomodidad obvia para una lectura y una clase poblada de universitarios. Era alegre y no podia esconder el gozo que le daban las cosas ridículamente intelectuales. Años más tarde la encontré tomando café. Me invitó a sentarme con ella. Charlamos con fluidez sorpresiva. Noté que la línea sobre sus ojos había cambiado de color; ahora era azul. Y que yo había pasado toda la hora queriendo integrar esa línea con su cara, buscando una armonía que no iba a llegar. En un momento en que la charla abrió alguna puerta escondida, yo no aguanté más. Pedí permiso y estiré el brazo para tratar de borrar la línea azul con el dedo. Ella agradeció con alivio y docilidad. Yo terminé mostrándole que mis pezones, como los de ella, eran de madre. Compartimos también otras huellas de los hijos en el cuerpo y tantas lecturas, de ahí en más. Al fin entendía lo que es poseer la realidad, otra, distinta, necesaria.

qué

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“esa mujer ¿por qué grita?
andá a saber
mirá que flores bonitas
¿por qué grita?
jacintos margaritas
¿por qué?
¿por qué qué?
¿por qué grita esa mujer?”

en rojo

mujer

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Vengo a ser mujer

Vengo a ser humano

A hacer

A ser

En libertad

C.

antes

modelo vivo

Podía decir cosas como que quiero ser un molusco y eso me servía de presentación. Hoy no. Nada. Un avión en el cielo. En el pasto verde, rojo mi pelo. Ni un recuerdo, una historia inventada, algo que hable de otros por hablar de mi. Cosas más o menos superficiales. Preguntarme cómo besaría a una mujer. Un azahar en la mano. Así huele esta indecisión.

A.

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