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ROJOTIERRA

son los pasos de mujer cuando la sangre baja a los pies y se hace amor de las raíces por el agua

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rio

6/10

Te alzo hijito, sí. Esclava de tus ojos vidriosos. Se acumulan las preguntas en el lugar de lo indecible. No hay palabras que habiten tan hondo. Te alzo, sí, ama de tu llanto. Camino. Mezco. Canto. Goteo. Blanco, rojo, invisible. Sangro. Brotan delicias a mi paso que habitan en la distancia innombrable entre nuestras pieles. Jardines a mis pies, que no llego a ver. Ando y la tierra me chupa humedades. Ando y tus lágrimas secan. Todo sea por las flores, dicen, por los colores que ves sobre mi hombro. Llego al árbol que guarda el cofre en sus raíces. Soy la madre que se entierra y la hija que se pare a sí misma. Te acuno, hijita, de nuevo. Que tanto andar el camino al árbol quizás no muera la próxima y en cambio encuentre un tesoro. O de tanto caminar pueda marcar un cauce y el río al fin fluya.

 

 

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1/10

Diez líneas por día. Diez días. Intento ser ordenada y metódica con propuestas de este tipo. Me miento como si fuera nueva adentro mio. Debo serlo. Porque hoy soy la que promete, pero más la que desea en secreto que se cumpla. A la tercera línea ya pienso en un río fuera de cauce, destruyendo la valiosa armonía de sus curvas y contracurvas. Cortinas de madera, bosques, discos, humedades frías, los astros o las fábricas de espuma. Mi abuela. Tenía las axilas gordas – llenas de tejido mamario, me explicó. Una condición que la acercaba más a los animales mamíferos, como si le hubiera faltado un paso en la evolución a ser humana. Tenías más tetas que una mujer pero menos que una loba, por ejemplo. Se las descubrí mientras la llevaba en camisón al baño, cuando ya no podía ir sola, mientras trataba de que termine alguna de todas las historias que me contaba. No me importaba que fueran verdaderas; quería conocerla por lo que vivió o lo que imaginó. En la pubertad descubrí que heredé sus axilas, también su imaginación descarriada. Alguna animalidad nubla mi razonamiento y me permite recordarla teniendo ganas de hacer pis, y apurarme en terminar estas diez líneas para al fin dejar que el río desborde.

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