​Tanto mirarte, extraño,  para después ni acordarme de vos. Te miré sin verte. Recorrí tus líneas que no existen,  unas líneas que yo inventé. Ese límite entre dos partes tuyas,  ese borde donde termina tu ojo y empieza tu cachete,  donde dejo de ver tu camisa y empieza tu cuello. Me quedó tu dibujo que ni sé cuánto se parece a vos. Mi mano fue fiel al ojo,  no a vos. Quizás sólo le importaron tus bordes. Sólo el vacío entre tu camisa y tu cuello,  entre vos y ese otro pasajero,  entre vos y yo.

C.